Habité largo tiempo en pórticos grandiosos
por los soles del mar teñidos de cobalto,
y qué con su pilares, altos, majestuosos,
semejábanse, a veces, a grutas de basalto.
Las olas reflejaban imágenes del cielo,
Mezclando solemne y mística manera
Los potente acordes -¡oh incomparable vuelo!-
Al color del ocaso, fantástica vidriera.
Allí he vivido yo en venturosas calmas,
En medio del azul, de oleajes, de esplendores,
De desnudos esclavos impregnados de olores,
Que en la tarde oreaban mi frente con sus palmas,
Y en donde todo mi cuidado consistía
En ahondar el secreto que languidecía.
Charles Baudelaire
Las flores del mal
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