Sobreviví al fin de semana. El día comenzó cuando en lugar ir, como niña buena, a mi clase de francés, me largué a misa pues era la primera comunión de la sobrina de Sandy… han de imaginar mi cara de hastio. It’s all about music, como diría uno de mis cuates y de paso, por la bonita tragazón.
Nos encontramos a Belen, una vieja amiga en común, que le toco ser «la comadre» de su cuñado. Obvio, una visita obligada más tragar.
Después de la tortura, digo la misa, 3/4 del cuartas partes del cuarteto de la muerte, se dirigieron a la primera parte de la tragazon en casa de los abuelos de la sobrinita de Sandy, para después, salir corriendo a la casa de la hermana de Belen a seguir tragando, y es que los tamales, de Doña Victoria, osease su mamá, no tienen madre.
Al llegar a ahí, nos enocntramos con Sor Junkie, o sea la directora de la escuela a la que alguna vez fueron Sandy y Angie. Lo cual quiere decir que: nos zurro el culo. Pues si, se supone que eres monja es porque amas a tu projimo y no solo te dedicas a chingarlo, como es el caso de este personaje. Nuevamente, salimos corriendo de la casa de Belen a la de los abuelos de la sobrina de Sandy, pa’ seguir tragando.
A eso de las seis de la tarde, el cuarteto se retiró a acicalarse para un holandes llamado Matthew Dekay y un francés al que habíamos esperado desde hacía mucho llamado Antoine Clamaran.
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