Llevo casi un mes, meditando en mis acciones, viendo que había detrás de cada palabra, de cada sonrisa, y creí calculados todos los riesgos, pero se me fue de las manos. ¡Y cómo chingada madre me duele! En mí radica el miedo permanentemente, tengo miedo hasta de mi sombra, y a veces quisiera tener la fuerza de enfrentarlos, pero me gana el miedo del miedo.
Nadie lo entenderá, pues es parte del dilema personal… buscar que quienes no me conocen, quienes ignoran mis verdaderos alter egos, me consuelen, en una hermosa noche, con lágrimas en los ojos, que no deberían estar ahí, pero la pendejada me gana. Ojalá algún día logres olvidarme, pero yo nunca lo voy a poder hacer, hay muchas marcas de ti en mi vida, que crearon al monstruo que soy ahora. Y me mata saber nada, nada de mi, nada de lo que soy o de lo que puedo ser.
Silencios, tristezas, lagrimas, parece que no soy más que eso, una niña llorona, que no sabe ni quien es desde que se entero que su nombre no era griego si no latino, que no era Minerva ni Atenea si no un enorme dilema. Dilema que me acompañado cada día de mi vida, desde antes de tener conciencia, sabiendo que iba a crear más males que bondades, más problemas que soluciones, creí encontrar algo en lo que era buena, pero no, nunca, lo encontrado a ciencia cierta. El dolor de ser humana, de ser mortal, reversible con la muerte… todo aquello que escribí, todo aquello que soñé no es más que una ilusión lastimera, de alguien que vive en el dilema de ser, quién no sabe quién es.
No sé vayan sin ponerle play a la rola, Glory Box, de Portishead. Please, háganse ese favor y de paso a mi también.
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