Cómo se nota que no me conoce, y ni me va a conocer, me cae de madre. Pues soy demasiado sensible y si tengo algo realmente malo en mi alma, no tengo fuerzas para levantarme ni de la cama. Y lo que más me zurro el culo de sus palabras, sin duda alguna, es lo siguiente «Internet es malo para tí, pues no sales de tu cuarto»
Que la chingada, si es lo que me mantiene más o menos en paz, por ahora.
Echándome en cara, todos mis errores, y qué mis amigas, si, el cuarteto de la muerte, a quienes les debo todo en mi asquerosa y mugrosa vida, no han hecho nada por mí… ¡Que la chingada! Otra de mis favoritas, estas metiendo a tu hermana en tu mundo y ya está igual de mal que tú de la vista por tu culpa… ¡Que la fregada!
El asunto de la red, no ha sido más que benéfico para mí, pues me permite conocer gente, música sobre todo, que de otra manera na’mas nel, yo sé que es el asunto generacional, pero eso no lo exime de aceptar las diferencias, que no ordeno mi cuarto, es porque me gusta mi desmadre, yo sé como vergas tengo las cosas, y me caga en la madre cuando viene «a ordenar» es que después no encuentro ni madres, que llevo mucho tiempo sin salir de la chingada prepa, cierto, pero es por su maldita presión, porque no me dejan en paz, cuando lo único que necesitaba era libertad, y no estas cuatro paredes a las que dicen, no les gusta verme.
Qué no entró clases: La respuesta es la siguiente, desde que estuve pero bien cerca de la muerte, siento que la vida se me va haciendo cosas que no me van a rendir ningún fruto inmediato, que solo me quitan las pocas fuerzas que me restan en algo, que de verdad, no me interesa.
Y ni explicárselo es bueno, porque no entiende. Cómo si no tuviera suficientes problemas conmigo misma, todavía los tengo que aguantar. Sentirme mal, no es por mi gusto, aunque no me la crean, y por más masoquista que parezca, lo único que me queda son las fiestas, en dónde realmente soy feliz, en dónde puedo ser, quién realmente soy.
Ver videos, escuchar música, leer blogs, me mantiene más o menos ecuánime, para no llorar por esas cosas, por esos errores. Ya no sé, como explicarle, ya no sé como decirle, lo único que me resta es guardar silencio, y buscar consuelo, haciendo todo lo anterior, para reunir fuerza e irme a hacer lo que tengo que hacer.
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